Sabiduría que clama

El resultado de no creer en Jesús

“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” (Juan 3:18)

El propio incrédulo da evidencia personal de su propia condenación. ¿Quieres saber cómo hace esto? El texto nos señala su incredulidad. ¿Aquel individuo es un hombre condenado o no? Pregúntale lo que piensa de Cristo. Si responde honestamente, diría: “No acepto el testimonio de Dios acerca de Jesucristo; no recibo a Jesús como mi Salvador.” Está convencido de que no necesita un Salvador o no siente que Jesús sea el Salvador que necesita. Rechaza el testimonio de Dios en relación con Cristo. ¿No es eso suficiente para condenar a un hombre?

Si un hombre cometiera un robo o un asesinato en la propia presencia del juez, se condenaría a sí mismo; pero ¿acaso no es una ofensa mayor que ésa, en la propia presencia de Dios, despreciar a su Hijo, al declarar Su obra y Su sangre prácticamente innecesarias? ¿No es el colmo del atrevimiento que un alma esté en la presencia del Dios de misericordia y escuche cuando dice: “¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!”, y que esa alma responda: “No tengo nada que ver con el Cordero de Dios”? ¿Qué mayor evidencia necesitamos para comprobar tu enemistad con Dios? Quien no quiere creer en Cristo, mataría a Dios si pudiera. Su incredulidad en Cristo virtualmente hace a Dios mentiroso. (1 Juan 5:10)

Más aún, quien no cree en Cristo da evidencia en contra de sí mismo, ya que rechaza “el nombre”. Observen el texto: “Porque no ha creído en el nombre.” Como ya lo había sugerido, ese nombre es Jesús, el Salvador. El hombre dice: “No acepto al Salvador.” Algunos de ustedes no han pronunciado esas palabras, pero lo dicen en la práctica; puesto que no creen en el Salvador, permanecen hasta este momento sin Salvador, fuera de Cristo, sin esperanza, sin perdón, sin misericordia; y permanecen en ese estado, incluso bajo la predicación del Evangelio durante todos estos años. ¿Qué mayor evidencia quieren?

Cuando un hombre rechaza a Dios y más aún como Salvador, debe estar terriblemente envenenado en contra de Dios. Si Dios unge a Cristo como Rey, y yo lo rechazo, ese rechazo muestra que Dios no me agrada; pero si Dios lo designa como Salvador, enteramente por Su misericordia y bondad, y yo lo rechazo, entonces debo de tener en mi alma una sorprendente y profunda enemistad en contra de Dios. Por medio de esta clara prueba yo me condeno a mí mismo.

Hermano mío, si analizas el texto nuevamente, verás que el incrédulo rechaza a una persona sumamente exaltada; porque no ha creído en el nombre “del unigénito Hijo de Dios”. Quisiera encontrar las palabras adecuadas para expresar un pensamiento que me agobia, no solamente en este momento: la iniquidad más monstruosa que pueda imaginarse es que los hombres se rehúsen a creer en Él, puesto que Dios envió un Salvador y ese Salvador es el unigénito Hijo de Dios, el Señor de cielos y tierra -sin el cual no hubiera sido hecho nada de lo que ha sido hecho-, quien vino con un testimonio de amor, del amor de Dios por los pecadores y selló ese testimonio con Su sangre. No puedo ni siquiera ver que el propio Satanás, con toda su blasfemia, haya llegado hasta ese punto, pues nunca se encontró en la situación de poder rechazar al unigénito Hijo de Dios como un Salvador.

Cuando los hombres rechazaron a Moisés, perecieron sin misericordia, ya que él era enviado de Dios; pero cuando un hombre desprecia al unigénito Hijo de Dios, en quien habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, podemos decir con toda propiedad que no busquen testigos en contra de ese hombre, no investiguen los detalles de su vida pasada, esta evidencia es suficiente. Si no ha creído en alguien como Éste, ya ha sido condenado. No hay ninguna necesidad de juicio, su misma incredulidad es la más vil de las traiciones; el pecador es condenado por su propia boca.

¡Oh, pecador! ¿No te das cuenta del alcance de todo esto? El Señor de infinita misericordia, para que no perezcas, ha establecido un maravilloso camino de salvación, que ha sorprendido a querubines y serafines y que ha hecho que el cielo resuene con cánticos, y todo esto tú lo rechazas completamente.

El plan estupendamente concebido se resume así: que el Creador fuera el que sufriera, para que la criatura rebelde pudiera escapar; que el Infinito viniera a este mundo y sufriera vergüenza, para que el culpable saliera libre; y todo lo que se te pide, todo lo que se requiere de ti, es que te sometas para ser salvado por este plan; todo lo que debes hacer es confiar en Jesús, que es divino, que también es hombre. Simplemente confía en que Él te salve. ¿No confiarás? ¡Oh! ¿No confiarás? Señores, ¿despreciarán al amor todopoderoso? ¿Pueden dar la espalda a esa misericordia sin límites? ¿Entonces qué podré decir de ustedes, sino simplemente lo que el texto dice: ustedes se condenan a sí mismos, ustedes “ya han sido condenados”? Ustedes deben de ser infinitamente malos, ustedes deben de ser enorme, monstruosa, diabólicamente enemigos de Dios; de lo contrario, no tratarían con tanta ligereza una bendición tan preciosa. No deberían tener la impertinencia de rechazar un plan de misericordia tan adaptado a su condición. “Ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” ¡Palabras solemnes! ¡Escúchenlas y tiemblen!

~Charles Spurgeon

Extracto del sermón: La Esencia del Evangelio

Todos resucitaremos
Los 500 que vieron al Resucitado

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