Sabiduría que clama

Los 500 que vieron al Resucitado

 

Los 500

 

Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen.  (1 Corintios 15:6)

 

No se predica el Evangelio si se olvida a Cristo resucitado. “A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase.” (Hch 10:40) No fue ninguna ficción. Él se mostró abiertamente en muchas ocasiones a quienes eran más capaces de reconocerlo. El Cristo resucitado fue visto, y fue visto claramente, sí, y Sus discípulos hablaron con Él y lo tocaron con sus dedos y sus manos. Él no se mostró a todos, pues no iba a ser exhibido para satisfacer la curiosidad, sino para procurar la fe. La evidencia de quinientas personas es más que suficiente para confirmar un hecho histórico, y tal vez sea mejor para ese propósito que el testimonio de incontables multitudes. Si se supone que esas quinientas personas fueron engañadas, se creería con igual facilidad que una nación entera estaba equivocada. Si la nación de los judíos hubiera recibido la verdad de la resurrección de Cristo, no habría podido proporcionar una mejor evidencia de que Cristo resucitó, de la que ya tenemos; más bien, se habría dicho: ‘Todo esto es una fábula israelita; la nación judía, prejuiciada a su propio favor, se ha confabulado para mantener la ficción de un Mesías resucitado para hacer crecer su propia reputación nacional.’
Hay algo mucho más convincente en el testimonio de unos hombres que
fueron ellos mismos perseguidos y enviados a la muerte por dar tal testimonio,
y que murieron adhiriéndose unánimemente a la verdad de su común testimonio. Dios le dio al mundo entero la suficiente evidencia para confirmar la resurrección de Cristo, pues muchos comieron y bebieron con Él después que resucitó de los muertos. Luego Pedro llegó a los dos
últimos puntos de su sermón, que fueron, el juicio, que consideró que era necesario predicar, declarando que Jesucristo, que murió y resucitó, ha sido designado ahora el Juez de toda la humanidad; y por último, como la joya de todo, Pedro predicó la salvación por medio del Señor Jesús, de manera sumamente plena y gratuita, diciendo: “Todos los que en él creyeren,
recibirán perdón de pecados por su nombre.” Aquí era donde él pretendía llegar, y llegando a ese punto, ya había enseñado la verdad que bastaba para salvar un alma, y Dios, el Espíritu Santo, de inmediato la usó. (Hch 10:44)

~Charles Spurgeon

Extracto del sermón: El Mediador – Juez y Salvador

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